Firma la petición de libertad inmediata para Stephen Gough

Necesitamos que Stephen Gough sea liberado de inmediato para que pueda asistir a recoger el premio Nicolás Salmerón el lunes día 10 de diciembre en el Ateneo de Madrid.
Para ello tienes que firmar y pedir en todos los foros y redes sociales que conozcas, así como a todos tus contactos que firmen la petición que se encuentra en este enlace: 

https://www.change.org/es/peticiones/freedom-to-stephen-gough-prisoner-of-conscience-in-a-british-prison

La petición se dirige a autoridades británicas y europeas, por lo que está redactada en inglés. Aquí te ponemos el texto que vas a firmar en su versión española. Difúndelo.



Preso de Conciencia en aislamiento en una cárcel Británica: Stephen Gough

Se solicita a 

The Prime Minister of the United Kingdom of Great Britain and Northern Ireland 
Alex Salmond, First Minister of Scotland
Kenny MacAskill, Cabinet Secretary for Justice of Scotland
Prof. Alan Miller, Chair of the Scottish Human Rights Commision
Nils Muižnieks, Council of Europe Commissioner for Human Rights

Que realicen las gestiones necesarias para la inmediata y permanente liberación de Stephen Gough de manera que pueda asistir el día 10 de diciembre de 2012 en el Ateneo de Madrid a la ceremonia en la que se le entregará el Premio Nicolás Salmerón de Derechos Humanos por parte de la Fundación Internacional de Derechos Humanos.

Texto de motivación de la entrega del premio:

En 1991 la activista Birmana Aung San Suu Kyi recibía el Premio Nobel de la Paz inspirada en el ejemplo pacífico de Gandhi. En 1989 fue sometida a arresto domiciliario en Rangún, dando testimonio de la “idea del bien y de lo justo”. Recibió sucesivamente el Premio Thorolf Rafto de defensa de los derechos humanos y el Premio Sájarov de libertad de pensamiento. Reconocida como prisionera de conciencia por Amnistía Internacional, fue recompensado el 14 de octubre de 1991 con el Premio Nobel de la Paz gracias al cual dio a conocer su combate al mundo entero rechazando el exilio que se le proponía a cambio de su silencio. El sábado 16 de junio de 2012 pudo, por fin, recoger en Oslo el Premio Nobel de la Paz que le había sido concedido en 1991. Cuatro días después, el miércoles 20, pudo también recoger personalmente el doctorado honoris causa que en 1993 le había concedido la Universidad de Oxford. El jueves 21 de junio de 2012 Aung San Suu Kyi se dirigió a las dos cámaras del Parlamento británico, un honor reservado a jefes de Estado. Los lores y los comunes recibieron en pie a Suu Kyi, la segunda mujer después de la Reina de Inglaterra que proclamaba un discurso en el gran patio de Westminster, escenario en el que a lo largo de la historia han hablado mandatarios como el sudafricano Nelson Mandela. La activista se ha reencontrado en la ciudad británica con sus hijos y sus nietos, a los que apenas conocía.

Stephen Gough cuenta cómo durante una caminata en Canadá se dio cuenta de que era bueno: “Siendo británico tenemos interiorizado en nuestra educación que no somos buenos y que debemos vigilarnos a nosotros mismos. Puede que esta idea venga de la religión o de la escuela. Me di cuenta de que a un nivel básico, yo era bueno, todos nosotros somos buenos”. Si él era bueno, por lo tanto su cuerpo también lo era. “El cuerpo humano no es ofensivo. Si como seres humanos decimos lo contrario, entonces es que no somos racionales” (las citas entrecomilladas de Stephen son traducción de una entrevista llevada a cabo por el periódico Británico The Guardian que se puede consultar en este enlace de marzo de 2012: http://www.guardian.co.uk/lifeandstyle/2012/mar/23/naked-rambler-prison). 

Para Gough, como para cientos de miles de personas, la bondad del cuerpo humano y la ilegitimidad de su criminalización, es una filosofía, una ideología con un conjunto de razonamientos muy bien estructurado. Esta ideología, en cuanto ideología, está protegida por la Declaración de Derechos Humanos (artículos 2, 18, 19, 20, 26) y por multitud de tratados suscritos por Gran Bretaña. La expresión externa y necesaria de esta ideología -que unos llaman nudismo, otros Naturismo y otros prefieren no ponerle nombre al ser algo tan básico del ser humano como es su propia apariencia- es la desnudez. Stephen Gough ha sido condenado numerosas veces por acudir sin ropa ante los tribunales. Precisamente éste es el lugar idóneo en el que  Stephen debe permanecer desnudo para reafirmar, ante quien tiene que hacerlo, ante quien lo acusa, su filosofía. Es precisamente ante un tribunal que juzga la libertad religiosa ante el que un monje debe presentarse con su hábito, y ante el que Stephen debe presentarse con el suyo, el que expresa sin lugar a dudas su ideología, que debe ser protegida precisamente por el Tribunal que lo cita. 

Ninguna dictadura admite tener presos políticos o de conciencia. Siempre se les acusa de otras cosas, ya sea de delitos comunes o de perturbaciones mentales. En el caso de Stephen tampoco se quiere admitir que se está criminalizando la desnudez y la ideología en la que se sustenta. Como en los sistemas autoritarios se intenta buscar problemas mentales para condenar a este activista por la libertad, sometiéndolo a exámenes psicológicos en busca de justificaciones: “Ellos me hacen evaluaciones todo el tiempo”. Al no conseguir de los especialistas el dictamen deseado, se insiste en ocultar la verdad que está a la vista de todo el mundo (su desnudez) y se le termina condenando “por quebrantamiento de la paz”, que en Escocia se define como “una conducta que hace o podría hacer que los súbditos se situasen en un estado de miedo, alarma o molestia”, o por desacato a la autoridad, al no vestirse ante el Tribunal.

Dos veces jueces escoceses fallaron a favor de Gough alegando que no había cometido ningún delito, ni por estar desnudo en público, ni por estar desnudo en la corte. Las dos veces fueron juezas, mujeres de edad avanzada. Finalmente, el caso de Gough fue escuchado en la corte de apelación de Escocia, donde se encontró que el “quebrantamiento de la paz” debe ser interpretado para criminalizar su conducta. Desde entonces sus sentencias habían aumentado constantemente por lo que había quedado atrapado en un ciclo interminable de dos años de prisión que se estaba convirtiendo en una cadena perpetua de facto y en régimen de aislamiento total y bajo tortura, ya que no se le permite ver a los demás reclusos debido a su firme decisión de mantener su ideología también en prisión. “Cada mañana se le pregunta al señor Gough si él está dispuesto a vestirse y tomar parte en el régimen diario” ―dijo un portavoz de la cárcel de Perth― “Éste se niega a ello. Debido a su negativa a usar ropa, no podemos moverlo alrededor de la prisión, es decir, todos los servicios vienen a él a su celda”. Como en el más estricto Gulag, cada mañana se comprobaba si habían conseguido quebrantarlo, si su reeducación había conseguido los efectos deseados, añadiendo este juicio continuo, diario, de los funcionarios de prisión, constituidos en Jueces y torturadores, en policías de la moral.

Desde nuestra cómoda Europa de las libertades tendemos a pensar que las violaciones de los derechos humanos se producen fuera de nuestras fronteras. Que llegamos a conocer algunas de ellas, porque las protagonizan héroes como Aung San Suu Kyi, Nelson Mandela (que salió de su condena perpetua tras 27 años). Premiamos y recibimos en olor de multitudes, incluso en nuestros Parlamentos, a estos héroes y condenamos a esos regímenes que violan la libertad de conciencia. Incluso a veces vigilamos, condenamos y hasta sancionamos leyes que violan la libertad de prensa en Hungría o en Polonia, y nos manifestamos contra actos xenófobos protagonizados por los gobiernos de Grecia, Italia e incluso Francia.

Tenemos un héroe, un merecedor del premio Nobel de la Paz, un preso de conciencia con una condena en la práctica a perpetuidad, en absoluto aislamiento en una cárcel Británica por pensar que el ser humano es bueno y defenderlo mostrándolo ante los tribunales Británicos. Mientras, el Gobierno Británico se da un baño de defensor de esos derechos que conculca recibiendo a Suu Kyi.

La Federación Española de Naturismo, FEN (www.naturismo.org), ha propuesto ante varios organismos defensores de los derechos humanos a la persona de Stephen Gough para que sea declarado preso de conciencia y premiado por su trabajo en pro de la dignidad del cuerpo humano. La “Fundación Internacional de Derechos humanos” (http://fundacion.in) ha sido la primera en atender nuestra petición y le ha concedido el prestigioso premio “Nicolás Salmerón” (www.facebook.com/premio.salmeron), en su cuarta edición. Es necesario que el Gobierno Británico decrete su inmediata libertad y pueda asistir a recoger el premio en desnudez, si así lo desea, el día 10 de diciembre de este año 2012 en el Ateneo de Madrid a las 12 del medio día.
La Unión Europea deberá intervenir. El grupo de defensa de derechos humanos de la ONU deberá intervenir. Amnistía Internacional deberá también declararlo preso de conciencia. Pedimos también que Otras organizaciones defensoras de los derechos humanos fuera y dentro de Gran Bretaña concedan sus premios a Stephen Gough y lo propongan para el Nobel de la Paz.

Como dice Stephen Gough en una carta a un periodista que lo entrevistó: “Podemos terminar viviendo la vida que los demás esperan de nosotros o vivir sobre la base de nuestra propia verdad. La diferencia entre vivir una vida consciente o una inconsciente. Y ésa es la diferencia entre vivir y no vivir”.

Propuesta realizada por Ismael Rodrigo, presidente de la Federación Española de Naturismo, FEN (www.naturismo.org).

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