CÁDIZ, CUNETA DE LAS LIBERTADES: EL DÍA SIN BAÑADOR

(artículo completo enviado al Diario de Cádiz del que sólo se publicaron partes y se añadieron comentarios)

Hace dos años presenté la iniciativa española de “El día sin bañador” en el Congreso Mundial que los nudistas celebramos en Tambaba, Brasil. Defendí que esta iniciativa era exportable incluso a países en los que siguiera existiendo el escándalo público como delito. Para ello usaba el siguiente argumento:
En muchos países en los que el desnudo, fuera de lugares señalizados, está perseguido se realiza también cada año la World Naked Bike Ride o ciclo-nudista, consistente en pasear desnudos por las calles de las ciudades en bici para reclamar carriles bici y ciudades sostenibles, sin que se produzca ninguna detención. Grupos anti-pieles, anti-taurinos, fotógrafos como Tunick, etc. realizan actividades similares en desnudez sin problema alguno. Ha llegado la hora en que las Federaciones, a través de sus asociaciones, se planteen su derecho al activismo en desnudez, más natural y lógico que el de los grupos mencionados. Es evidente que nuestra sociedad no rechaza actividades nudistas públicas máxime si se limitan a un día señalado.

Pero me equivocaba, he de reconocer que me equivocaba. Existe, al menos, una ciudad en la que la desnudez sí es perseguida, reprimida y multada, y esto aunque se trate de un solo día, y esto aunque se trate de en una playa, donde se supone que es aún más tolerable. Esa ciudad es Cádiz.

El tercer domingo de julio, acudiendo a la llamada realizada por la Federación por el día sin bañador, tres familias decidieron acudir a una de las playas de Cádiz. Los tres hombres y uno de los niños acudieron sin bañador, sus compañeras permanecieron con ropa por temor a las posibles represalias del ayuntamiento. Nuestros tres valientes secundaban el llamamiento a “el libre ejercicio de la desnudez en el máximo número de playas, promoviendo así la convivencia entre las diferentes opciones de tomar el sol y la definitiva normalización de la desnudez en todas las playas”, como reza el manifiesto.
Julián, Juan José y Javier, fueron conminados a vestirse en aplicación de la ordenanza, a pesar de que está recurrida ante el Superior de Justicia y a pesar de que desde el ayuntamiento se había dicho que no se iba a aplicar.

Así pues me equivoqué: sí existe un lugar donde la libertad de ser uno mismo y mostrarse tal cual se reprime incluso si se ejercita sólo un día al año, e incluso si se ejercita en un lugar tan propio para ello como una playa donde es obvia la no necesidad de mojar una ropa para el baño o de esconder al Sol y al viento ninguna parte del cuerpo. Y ese lugar es Cádiz. Como en su día se arrojaban en las cunetas los cadáveres sin identificar de los que pensaban distinto, hoy en día en Cádiz se reprime y expulsa a los que visten distinto: la libertad en Cádiz ha sido arrojada a la cuneta.

Pero nuestros tres ciudadanos y otros muchos seguirán luchando por nuestras libertades, por las de todos, también por las de los miembros del único partido que sacó adelante en solitario la ordenanza que permite perseguir la desnudez natural en las playas. Seguirán luchando para que se eduque a los niños fuera de toda fobia: de la nudofobia, pero también de la homofobia, del racismo, del miedo irracional a lo diferente, del miedo a la libertad, que sigue siendo la idea más radical de todas.
Cádiz, de cuna a cuneta de las libertades.

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